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El
Feo. Si hubiera que sintetizar en un nombre quién representa por
sí solo el significado del fútbol en la Argentina, el indicado
sería Angelito Labruna. En él se reúnen el gran jugador e ídolo
representativo de un club, el técnico surgido de la cancha fuera de
toda preparación académica y, fundamentalmente, el hincha. Porque
Labruna lo fue, como el más fanático de los simpatizantes, tanto
para la felicidad del triunfo como para expresar el dolor por las
derrotas. Y en el repaso de su vida futbolística, surge el ganador
por excelencia. Como jugador, múltiple campeón con River y con la
Selección; el mayor goleador de los clásicos River-Boca (16 goles)
y el segundo goleador de la historia nacional, detrás de Erico.
Como técnico fue también varias veces campeón con River - fue el
artífice del doble título en 1975 después de 18 años de
infortunios-, también en Defensores de Belgrano cuando en 1967, en
un hecho inusual, fue campeón de la B y simultáneamente en Primera
A del Platense que perdió en semifinales del Metropolitano con
Estudiantes, en Central había conseguido su primer título de la
AFA, e hizo grandes campañas con Talleres de Córdoba en 1974 y con
Argentinos Juniors, donde armó la base del equipo que sería
después ganador de los certámenes locales e internacionales,
además de darse el gusto de eliminar a Boca y a River en la serie
final del Nacional 83. Pintoresco, locuaz, con el lenguaje del
futbolero, agrandado en la victoria, embroncado en la derrota,
respiró fútbol -además de su reconocida pasión por las carreras
de caballos- en cada instante de su vida. Se inició en las
inferiores del club de sus amores, cuando River tenía la cancha en
Alvear (hoy Libertador) y Tagle, y él vivía allí en el barrio de
Palermo. Antes hincha, también basquetbolista, hasta que siendo
juvenil en 1939 fue llamado a jugar en Primera por una huelga de los
profesionales del club, por una sanción a José Manuel Moreno.
Precisamente en su puesto, con sus goles terminó haciendo que el Charro
pasase a ser entreala derecho porque el Feo se adueñó de la que
luego sería la casaca n° 10. Inteligente, creador, pero
principalmente inapelable en el área como goleador. Fue el mejor en
la especialidad, porque además de conquistarlos estaba dotado
técnicamente. Una historia que duró 20 años en la Primera de la
Banda
Roja. La Máquina, con Muñoz, Moreno, Pedernera (Di
Stéfano) y Loustau, con quien se entendió de memoria, conformando
el ala más aplaudida y respetada de la historia, y la Maquinita
con Vernazza, Prado, Gómez y Loustau, fueron los picos de su
carrera. En la Selección se codeó con los grandes de la época
hasta, ya de veterano, participar en el Mundial de Suecia en 1958.
El final fue en Platense como jugador (2 partidos en la B) y
técnico en un paso fugaz, y tuvo un último intento en Rangers de
Chile y Rampla Juniors de Uruguay. Luego vino su notable trayectoria
como técnico, cargo al que llegó accidentalmente. River lo
contrató como espía para ayudarlo a Néstor Rossi, que era el
técnico. Él reportaba el lunes el informe que obtenía de los
comentarios periodísticos, porque prefería ir los domingos al
hipódromo. En 1966 atendiá el restaurante de Defensores de
Belgrano, el equipo venía mal y le ofrecieron dirigirlo. Allí
inició su trascendente carrera de entrenador: lo tomó último y lo
ubicó quinto, y al otro año fue campéon en la B. Luego, el
mencionado paso por Platense, River lo llamó en 1968. Alcanzó
varios subcampeonatos, pero el título no llegaba: una vez por
diferencia de goles, otra por goles a favor y otra, por la famosa
mano de Gallo* ante Vélez. Se tuvo que ir y pasó por Lanús,
Argentinos, Central, Racing, Talleres de Córdoba, hasta su regreso
triunfal a River en 1975. Miles de anécdotas adornan su campaña
exitosa: su manejo de los planteles y su desprecio por las
tácticas, su defensa de los jugadores y su intuición para
elegirlos y hacer los cambios adecuados. Una vez dibujó una cancha
y con papelitos armó la táctica. Alguien le sacó uno y quedó con
diez jugadores. Él al no encontrarlo, tiró todos los papeles y
gritó: "¡Juguemos como siempre!". En 1981 lo nombraron
manager para designar a Alfredo Di Stéfano como técnico, un pedido
del poder político de turno para luego ponerlo a Alfredo al frente
de la Selección, y él se fue a dirigir a Talleres porque no
sentía aquella función. Y como aseguró después, siguió
ayudando a River en el título de ese año: Talleres le empató a
Loma Negra y permintió que River se clasificara para la etapa final. Ya en Argentinos, murió de una inesperada falla cardíaca el
19 de setiembre de 1983, a los 64 años, cuando ya tenía acordado
un nuevo regreso a River. Quizá el reflejo del hincha quede
resumindo en el gesto que lo acompañó, como jugador y como
técnico, cada vez que entró a la Bombonera se llevaba la mano a la
nariz y la apretaba, para demostrar que allí sentía mal olor.
*Luis Gregorio Gallo:Marcador de punta de Vélez 1965-74, quedó
en el recuerdo por una jugada que se hizo famosa por su implicancia.
En las finales de 1968, que Vélez definió con River y Racing, en
el partido con River que finalizó 1 a 1 y que de haber ganado el
club de Núñez hubiese sido el campeón, Gallo rechazó una pelota
con la mano sobre la líndea de gol (era el triunfo millonario), y
el árbitro Guillermo Nimo no otorgó el correspondiente penal. La
mano de Gallo entró en la historia y fue la cruz que persiguió al
juez por mucho tiempo. Gallo falleció en 1990, a los 45 años.
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River
fue el único club de Primera División en donde jugó en Argentina
Fue
Hincha Fanático de River Plate
Angel
Labruna:
Nació el 28/09/1918
en Capital Federal
Falleció el 19/09/1983
Debut en Primera:
18/06/1939
Partidos en Primera:
515
Goles:
292
Títulos: 11.
Primera División 1941, 42, 45, 47, 52, 53, 55, 56 y 57, y
Sudamericano 1946 y 1955.
Debut como Técnico:
1966
Títulos: 7.
Nacional 1971 (con Rosario Central), 1975 y 79, Metropolitanos
1975, 77, 79 y 80 (con River)
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